Se trata de lo siguiente: Si quieres un niño que lea, regálale un estante vacío.
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"¿Ugh?". ¡Tranquila!
Hace algún tiempo llevé un taller sobre expresión creadora, basado en la teoría educativa de Arno Stern (Alemania, 1924), que es un estudioso de la infancia al que admiro. El taller era impartido por el reconocido maestro español Miguel Castro, y entre muchas cosas de las que habló, mencionó una forma de fomentar la lectura (y más que la lectura, la libertad). Habló de regalar un estante vacío...
Como entenderán, a mí que me encantan los libros ilustrados y siempre procuro elegir buenos títulos, buenas editoriales y buenos creadores (autores e ilustradores), fue como ¿¿¿Ugh???
La respuesta es muy sencilla: no soy superior a mi niño y no tengo por qué inculcarle mis gustos ni mis artistas favoritos. Solo puedo acompañarlo en su camino de libertad y llenar el estante juntos, decidiendo la importancia, la profunda importancia de cada libro.
Mi niña ya tiene 7 años con lo cual, esto ya no puedo remediarlo: tiene el estante muy lleno. Ahora estamos en el proceso inverso: dejando ir libros, acudiendo mucho a la biblioteca y leyendo, decidiendo cada compra con minuciosidad.
Otro aspecto también fundamental para mí fue el no ver a los libros ilustrados como la única opción para ellos, pues también tenemos la voz, con la cual podemos leer un libro sin ilustraciones (o con pocas).
Estas dos consignas (si así las quiero llamar) me hicieron reflexionar en forma profunda, porque me encantan la literatura infantil y la ilustración (aquí puedo recordar a Alicia: "¿Y de qué sirve un libro si no tiene ilustraciones ni diálogos?").
He meditado mucho y ahora leemos más libros clásicos (pero sin dejar mis amados libros ilustrados), tratando de encontrar un equilibrio, mostrando toda mi pasión por las historias, dejando toda mi emoción y mi voz en algo que además a mí me encanta. Quizá ahora sí puedo decir que por fin he entendido a Francois Ruiz Vidal:
Entonces, si no hay fronteras y somos una sola literatura, ¿qué o quiénes hacen esta división? En el taller se habló de lo que obviamente todos sabemos, que las editoriales son empresas, y si son empresas también sabemos que la sectorización es fundamental para ellas. Con esto no quiero decir que no haya editoriales sinceras, que no se malentienda. Conozco editoriales muy muy honradas que hacen libros para pequeños y no menosprecian su inteligencia. Tampoco creo que la división de la literatura se deba solo a motivos económicos, pero sí es evidente que la literatura infantil es vista como una literatura menor, y es una pena que sea vista así incluso por escritores de libros consagrados.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que tanto niños como adultos estamos haciéndonos, aprendiendo todo el tiempo, y construirnos como lectores críticos pasa por evaluar nuestros libros, su honradez y su sinceridad. Busquemos buenos libros. Preguntémonos a nosotros mismos: ¿de verdad lo necesito?, ¿es fundamental en nuestro hogar?, ¿le emociona verdaderamente o al cabo de una semana no volverá a él y lo tirará por cualquier parte?, ¿hablaremos de él en casa?, ¿su lectura será un rito? Todas las librerías tienen los libros para la lectura antes de la compra, con lo cual antes de llevárselo a casa pueden hojearlos, y mucho.
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